Robé y transformé este nombre del Juguete Rabioso de Roberto Godofredo Arlt:
“El club de las damas de la media noche”
El club de Astier se dedicaba a robar entre otras cosas… libros (sí, así como lo leen).
Arlt decía que para entender a los ladrones hay que ser ladrón (y sospecho que no lo decía metafóricamente).
Y recuerdo el relato de un amigo que fue taxista por un día: quería saber cómo era. – No era para mí – sostuvo al final de ese día.
Volviendo a robar, reincido con una frase de María Teresa Andruetto:
“(…) dos saberes centrales en la construcción de la literatura: saber mentir, saber robar”
que a su vez escribió retomando/robando a Paul Auster de El cuento de Navidad de Auggie Wren: “Le mentí y después le robé” (¿lo hizo el personaje que narra, el personaje escritor, el autor?).
Sintiéndome autorizada le robé un juego a mi amiga Cecilia.
Robamos versos de aquí y de allá (de Sor Juana del siglo XVII y de poemas de libros para niños del siglo XXI) y luego, juntamos el botín.
Me entrego y lo entrego ante las autoridades:
Yo no quiero saber quién es más bella
aquí es invierno
aquí tenemos piedras
correr no sé dónde
viajo en la rueda del tiempo
los invitamos con un eclipse de sol
recorro volando
vuelo en el aire imperioso
con el ser que nunca fui
hurgo agazapada en los bolsillos de mi campera
voy por la orilla de un sueño
solo quiero ser correspondida.
Naty, Ana, Andrea
Flavia
todas, a cara descubierta.